Charognards !

Charognards !

H. Ab., El Moudjahid, 9 janvier 2001

Des voix, toujours les mêmes hypocrites et malintentionnées envers le pays se sont élevées de concert ici et outre-méditerranée pour, c’est le moins que l’on en puisse dire, commenter à leur manière la recrudescence d’assassinats de civils par les groupes terroristes notamment durant ce mois de ramadhan. Avec les enlèvements et le sauvage assassinat hier à Annaba de quatre ressortissants russes ce sera sans le moindre doute une «occasion en or» pour ces charognards de se livrer au discours le plus galvaudé et le plus outrageant pour notre pays, notre peuple qui les a rejetés avec mépris et sans hésitation et bien sûr pour ses dirigeants jusqu’au plus haut niveau. C’est sans surprise d’ailleurs que l’opinion publique nationale a eu droit à de véritables réquisitoires signés de la main de ces marginaux — le mot est pesé — auxquels des colonnes de certains confrères sont trop largement ouvertes pour être dosées d’honnêteté professionnelle. Presqu’en même temps, les colonnes d’autres journaux ont repris très généreusement ces idées diffamatoires pour la jeune démocratie algérienne lorsqu’elles ne caressent pas carrément le terrorisme dans le sens du poil. Aucun des journaux connus pour leur hostilité à l’Algérie, Le Monde en France et El Païs en Espagne, avec les mêmes signatures de ces mêmes avocats du diable terroriste, n’ont noté jusque-là le moindre signe de stabilité politique en Algérie comme ils ont commenté à leur manière le succès populaire du programme du Président Abdelaziz Bouteflika et l’application concrète de la loi sur la concorde civile. Ces journaux ont publié voilà quelque jours pour Le Monde et hier matin pour El Païs ce qui est peu convenable d’appeler «articles» ou «opinions» mais de véritables appels à la reprise de l’action terroriste en Algérie.
Ces étrangers sont toutefois moins condamnables que certains de nos compatriotes qui les inspirent et appellent de leurs vœux au malheur et à la discorde dans leurs propres foyers. Se «frotter les mains» à chaque meurtre d’enfants et de femmes n’a rien à voir avec l’action politique mais une véritable alliance avec le terrorisme. Mais qu’il soit entendu, ils ont perdu la partie parce que le peuple les a définitivement rejetés et ils peuvent toujours solliciter leurs relais dans le monde. L’Algérie a repris confortablement sa place de pays écouté, avec à sa tête un Président très respecté, et que les choses évoluent dans tous les secteurs, dans le bon sens. Malgré la persistance ici et là d’actes de barbaries.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

La guerra sucia en Argelia

GEMA MARTÍN MUÑOZ , El Pais, 8 janvier 2001
Las matanzas perpetradas en Argelia en las últimas semanas han sacado a la opinión internacional del desinterés en el que había caído desde hace tiempo por este país, donde, sin embargo, la violencia y la degradación de la situación política, económica y social no han dejado en ningún momento de acrecentarse desde el golpe de Estado de enero de 1992.

Muchos son los signos que parecen indicar que el nuevo ciclo de matanzas de civiles (más de 300 personas) desencadenado este mes en el centro-oeste de Argelia es el indicio de un nuevo periodo de luchas intestinas en la cúpula del Estado. La lógica implacable del funcionamiento del sistema político argelino muestra que la conjugación entre masacres y ofensiva contra el presidente es el signo de que se prepara su cese.

Como le ocurriera a Liamin Zeroual entre 1997 y 1998, a Abdelaziz Buteflika le empiezan a ir las cosas mal a tenor de los ataques virulentos lanzados contra él por algunas personalidades políticas que gravitan en los círculos político-militares y por la prensa privada (y en su mayoría enfeudada a los grupos de poder). En Argelia, esta situación suele ser el escenario que mina al jefe del Estado y prepara su final político. Bien entendido quede que, por supuesto, el enfrentamiento en ningún momento es porque una de las partes ponga en duda la lógica del poder argelino y su fundamento clánico. Es sólo una lucha intestina cuando el sector más poderoso considera que se ponen en peligro sus privilegios, las fuentes de su inmensa fortuna y las modalidades de gestión de la guerra.

¿Qué papel desempeñan las matanzas y por qué quienes en 1999 encumbraron a Buteflika como presidente (a través de unas elecciones fraudulentas) hoy día podrían estar interesados en sustituirle? A pesar de la ceguera (voluntaria en la mayor parte de los casos) entre los actores de la comunidad internacional con respecto a los principales responsables de la violencia en Argelia (cómodamente instalados en la simplista interpretación de un régimen militar agredido por unos integristas primarios sedientos de sangre), la perseverancia de algunos y su valentía para romper el muro de silencio y la falsa interpretación de los hechos han ido progresivamente denunciando y constatando la implicación de sectores militares en las violencias y las masacres.

Diversos testimonios y análisis han introducido desde hace tiempo esta posibilidad que, lejos de situar a Argelia en una especie de caso único en el mundo donde nada se investiga ni explica porque todo se tapa bajo la actuación de los « locos de Allah », más bien la situaría en un escenario similar al de las matanzas de campesinos en El Salvador y Guatemala, o Rodesia en los años setenta. En este sentido, completamente abrumador e impactante ha sido el testimonio e investigación de Nesroulah Yous, superviviente de una de las más brutales matanzas de 1997, publicado en el libro Qui a tué à Bentalha? en la editorial parisina La Découverte (y que alguna editorial española debería traducir).

Este libro, que ha caído como una bomba en Argel, siendo inmediatamente prohibido, confirma por primera vez de una manera precisa y detallada la implicación directa del Ejército en la preparación y desarrollo de la matanza por parte de una especie de escuadrones de la muerte disfrazados de islamistas. Y es que, en efecto, ofrece respuestas a preguntas que se planteaban desde hace tiempo, como por qué el régimen argelino no ha detenido con vida ni juzgado nunca a ninguno de los asaltantes de las matanzas o a alguno de los miembros del GIA, o por qué se ha prohibido a los periodistas entrevistar a los supervivientes, o por qué se han podido proteger sin fisuras las enormes regiones petroleras y gasísticas del país mientras que el régimen se muestra impotente para proteger a la población civil, por qué las masacres se han perpetrado contra población seguidora del FIS o cómo explicar la inacción de los militares en los cuarteles muy próximos a los lugares donde se cometieron las matanzas.

O, lo que es muy importante, por qué rechazar virulentamente cualquier investigación independiente sobre los hechos si no sería más que para desacreditar aún más a los enemigos políticos del régimen, si realmente fueron los islamistas los autores de las matanzas, tal y como aseguran las versiones oficiales y sus adláteres políticos « erradicadores ».

Todo esto también viene a profundizar en la cada vez más extendida idea de que la instrumentalización del GIA ha sido determinante en esta guerra sucia, que parece ha dominado la realidad del conflicto argelino. El Ejército Islámico de Salvación (EIS) se constituyó como rama armada del FIS (partido que iba a ganar las elecciones en enero de 1992 y contra las que se dio el golpe de Estado), manteniendo una estrategia dirigida a objetivos militares (siempre ha condenado las matanzas y asesinatos contra civiles y extranjeros firmados por el GIA). Después del golpe, los Grupos Islámicos Armados (GIA) aparecieron como una constelación de grupúsculos informales de composición muy variada.

Muchos hechos indican que la seguridad militar desde ese año se dedicara también a crear una « contra-guerrilla » que, tanto simulando ser islamistas como filtrando y utilizando parte de esos grupos islámicos armados, convertirán las siglas del GIA en el instrumento y firma de sus « operaciones especiales ». ¿Con qué objetivos?: que el FIS y el EIS no puedan implantarse en el Gran Argel a pesar de ser una región de base social favorable a éstos; capitalizar la violencia para trastornar a la sociedad y desconectar a los verdaderos grupos islámicos de los civiles que los apoyan; transmitir a la población argelina que no le queda más opción que plegarse al sistema o enfrentarse a un terror ciego, y mostrar a la comunidad internacional que la « barbarie islamista » es capaz de todos los horrores y que, por tanto, más vale que apoyen a un régimen totalitario como « mal menor ».

En 1997, dichas matanzas tuvieron también el mensaje añadido al entonces presidente de la república, Liamin Zeroual, de que no le correspondía a él reorganizar el espacio político negociando por su cuenta con los líderes del FIS, y a éstos y a los responsables del EIS, que no les quedaba más remedio que aceptar una tregua bajo sus condiciones si querían que frenase la violencia contra sus partidarios. Tregua que el EIS firmó con el Ejército a finales de 1997.

En la actualidad se observa, por un lado, una reconstitución de la guerrilla islamista (que sólo dirige sus ataques contra objetivos militares), consecuencia probablemente de la radical intransigencia del poder militar para aceptar una vía de diálogo político (el brutal asesinato en 1999 de Abdelkader Hachani, número tres del FIS, fue una prueba contundente), y por otro, signos claros de reajuste interno a través de la presión contra Buteflika. En consecuencia, ¿la guerra sucia se pone en marcha una vez más y las matanzas, siempre firmadas por el GIA, resurgen para desacreditar a la guerrilla islamista y preparar el terreno que muestre que Buteflika no es capaz de llevar la paz al país?

La campaña contra Buteflika se centra en el ataque a su proyecto de Concordia Civil (si bien fue consecuencia de la tregua entre el Ejército y el EIS dos años antes, pero que se le dejó rentabilizar a él para alimentar la gran operación de marketing con que inició la presidencia y que entonces fue muy valiosa para rehabilitar al régimen en el exterior después de las fraudulentas elecciones presidenciales). Hoy se le achaca que lo único que ha conseguido es que se reorganicen los grupos armados islamistas, que se reproduzcan las matanzas y que, por tanto, ha fracasado en su misión pacificadora.

En efecto, la Ley de Concordia Civil no tenía ninguna posibilidad de lograr la pacificación porque no tuvo ninguna base política, y lejos de restablecer la legalidad recondujo y amplió la legislación de excepción. Pero no es en nombre de la paz por lo que ahora se acosa a Buteflika, sino porque el poder argelino podría haber llegado a la conclusión de que éste le molesta más de lo que le sirve.

Bien es cierto que Buteflika ha tendido a respetar las líneas rojas establecidas por los que verdaderamente mandan (les décideurs, como se les conoce popularmente), es decir, no consentir ninguna reorganización del FIS, ni aceptar apertura democrática alguna, ni cuestionar el papel del Ejército, ni inmiscuirse en el control de la renta económica del país. Pero el presidente tiene una marcada tendencia a querer decidir y, discípulo de Bumedián, a querer dotarse de su dimensión carismática para tratar de ejercer el poder real y no sólo su 10%, que es lo que más o menos ostenta el jefe del Estado en Argelia desde que Bumedián desapareció.

Toda una serie de decisiones o actuaciones del presidente argelino en los últimos tiempos han, seguro, molestado e inquietado profundamente a la máxima jerarquía militar, que, como ha hecho siempre, ha empezado a reaccionar de cara a neutralizarlo. Buteflika, en los últimos meses, no ha seguido al pie de la letra las propuestas de promoción en el Ministerio de Defensa que le fueron sugeridas, tomando decisiones propias (y es que puede haber pensado que para ser un verdadero jefe de Estado debe promover otros generales que le sean fieles porque le deban su nombramiento).

La frialdad que a continuación se interpuso entre la cúpula militar y la presidencia se expresó, como una primera señal, en la asignación de dos generales a la presidencia (Belkheir como director de gabinete y Touati como encargado de asuntos militares), según muchos, para mejor controlarle. En noviembre, Amnistía Internacional visitó Argelia y solicitó encontrarse con los tres hombres fuertes del régimen militar en relación con las violaciones de los derechos humanos y las desapariciones, lo que se consideró una blasfemia e hizo chirriar los dientes de muchos que no pueden quitarse de la cabeza el caso Pinochet.

La falta de confianza hacia Buteflika se acrecentará ahondando en el sentimiento de que éste podría haber querido utilizar a Amnistía Internacional contra ellos. Unido a esto, se acentúa también el sentimiento, como ocurrió con Zeroual, de que Buteflika quiere negociar con el FIS en detrimento de la cúpula militar (al menos, se han extendido rumores sobre una posible liberación de Alí Benhadj), lo cual constituye una línea roja para aquellos que, desde que dieron el golpe de Estado en 1992, no han modificado un ápice su estrategia estrictamente erradicadora basada en la aniquilación política y física de los islamistas, la negativa a cualquier solución política y la consideración de que el problema se reduce a una sola cuestión de terrorismo (¿cómo se identifica fidedigna y legítimamente a los terroristas en regímenes antidemocráticos y sin Estado de derecho que actúan en la más estricta impunidad?).

Finalmente, el presidente argelino ha querido también aportar su iniciativa personal en dos materias consideradas igualmente reservadas por el cónclave militar: Marruecos y EE UU. En el primer caso, enviando al ministro del Interior a Rabat para negociar la liberación de doscientos prisioneros marroquíes detenidos por el Polisario; en el segundo, incentivando las relaciones con los norteamericanos a fin de encontrar unos valedores que seguro le van a hacer mucha falta para mantenerse en el puesto (aunque la diplomacia de EE UU ya lo intentó, sin éxito, en el caso de Zeroual).

Pero, no nos engañemos, pase lo que pase, no será sino un arreglo de cuentas dentro de un sistema político caracterizado por la privatización del poder, y donde tanto el actual presidente como el que pudiera sustituirle serían hombres del serrallo. Lo verdaderamente importante es el inadmisible ejercicio de la violencia continuada y masiva contra la población argelina en un grado absoluto de impunidad. La única respuesta eficaz para poner fin a esa situación sólo puede venir de una solución política y democrática, y realizando una investigación independiente sobre esos crímenes masivos que en otras geografías han justificado acciones decisivas de la comunidad internacional, que en este caso se manifiesta escandalosamente inactiva y desinteresada.

—————————————————————

Gema Martín Muñoz, es profesora de Sociología del Mundo Árabe e Islámico de la Universidad Autónoma de Madrid.

———————————–

Qui intoxique en Algérie ?

François Gèze et Salima Mellah, Le Monde, 22 décembre 2000

MOHAMED GHOUALMI, ambassadeur d´Algérie en France, a réagi après la publication du livre de Nesroulah Yous, Qui a tué à Bentalha ? (Le Monde du 21 novembre) [ L’Ambassadeur algérien face au massacre ] . Son argumentation peut être résumée simplement : ce livre n´est qu´une “tentative d´intoxication ” et s´inscrit dans une “ stratégie ” concertée de “ déstabilisation de l´Algérie ”, visant à “ fragiliser ”l´armée. Dès lors, il ne juge pas utile de discuter les faits précis avancés dans le livre, qui ne peuvent aujourd´hui s´expliquer autrement que par une implication directe de secteurs de l´armée dans la préparation et le déroulement du massacre du 22 septembre 1997.

M. Ghoualmi invoque l´autorité d´“ observateurs internationaux dont la crédibilité et la rigueur morale sont reconnues ”, qui ont constaté que “ la responsabilité du GIA ne fait aucun doute ”. Ces “ observateurs ”sont sans doute certains des journalistes et des intellectuels venus enquêter en Algérie fin 1997 et début 1998, comme André Glucksmann et Bernard-Henri Lévy, lesquels avaient interdit toute interrogation au sujet des commanditaires des massacres, car celle-ci était “ obscène ”. Il leur était donc difficile de “ révéler ” autre chose que la vérité officielle incriminant les seuls islamistes. Ajoutons que ce n´est pas lors de voyages organisés et planifiés sous escorte policière qu´on peut recueillir des témoignages fiables.

M. Ghoualmi relève que, à chaque massacre, “ l´opinion publique nationale et internationale s´est légitimement interrogée sur la facilité déconcertante avec laquelle les terroristes se sont volatilisés ”. Dans le cas de Bentalha, cette question est particulièrement pertinente : pourquoi les milliers de militaires qui quadrillaient la région n´ont-ils pas arrêté les assaillants, dont la plupart sont venus et repartis dans plusieurs camions, en passant devant des postes de l´armée ? Pourquoi les militaires arrivés dès le début du massacre avec six véhicules blindés sont-ils restés stationnés toute la nuit à cent cinquante mètres à peine du quartier martyr de Haï el-Djilali, sans intervenir, et même en empêchant civils et policiers de porter secours aux habitants ?

Se gardant de commenter ces faits, M. Ghoualmi se contente d´affirmer que “ les terroristes avaient utilisé, pour leur repli, des dizaines de casemates et de refuges souterrains dans la zone ”. En fait, la majorité d´entre eux sont repartis sans encombre. Quelques-uns sont en effet restés dans quelques casemates situées dans le verger voisin de Haï el-Djilali, où ils seront repérés quelques jours plus tard par des “ patriotes ” ; mais quand les responsables militaires locaux en seront avertis, ceux-ci refuseront à nouveau d´intervenir sur-le-champ. Ils ne le feront qu´un mois plus tard, sans que les habitants soient informés du résultat de l´opération.

M. Ghoualmi explique enfin que, l´armée algérienne étant composée de 90 % de conscrits, ce serait la “ garantie d´une très large transparence qui rend quasiment impossible qu´une quelconque dérive ne soit pas connue de centaines de personnes, voire de milliers, quand on sait la liberté d´expression dont jouit désormais la société algérienne et sa faconde toute méditerranéenne [sic] ”. Il est vrai que, ces dernières années, bien peu d´informations ont filtré sur les horreurs commises au nom de l´éradication du terrorisme. Mais cela s´explique par la terreur exercée par les forces de sécurité, y compris contre les militaires qui ont refusé d´obéir à des ordres illégaux (dont beaucoup ont été arrêtés, tués ou contraints à la désertion) ; et aussi par le soin apporté par les décideurs militaires à organiser méticuleusement le secret de leurs “ opérations spéciales ”.

Le récit de Nesroulah Yous n´est pas le premier qui évoque le rôle joué par l´armée dans cette sale guerre, et il ne sera pas le dernier. De nombreux témoignages de militaires confirment ses dires, de même que ceux d´autres rescapés de massacres de masse. Il est vrai que ces derniers ont souvent attesté de la présence de membres de groupes armés connus de la population. Yous l´a observé à Bentalha, et il donne les noms de certains de ces individus. Pour le pouvoir algérien et ses partisans, cela suffit à établir que ces massacres sont imputables au terrorisme islamique. Mais ils occultent complètement l´autre aspect essentiel de ces témoignages : ces égorgeurs agissaient sous les ordres d´inconnus dont nombre d´indices montrent que c´étaient des militaires.

Nous n´ignorons pas pour autant que, depuis 1992, les groupes islamistes ont tué des centaines de militaires et de policiers et qu´ils sont responsables de graves violations des droits de l´homme : nous condamnons ces crimes sans la moindre ambiguïté, et ils doivent être sanctionnés. Mais ce n´est pas “ dédouaner [le terrorisme islamiste] de sa responsabilité dans la tragédie de l´Algérie ”, comme l´affirme M. l´ambassadeur, que de condamner aussi les crimes commis par certains secteurs de l´armée algérienne et les manipulations avérées de la violence islamiste par les unités du DRS, l´ex-sécurité militaire. C´est simplement reconnaître que les droits de l´homme ne se partagent pas : le terroriste qui tue des civils avec une voiture piégée est aussi coupable que le militaire qui torture ou pratique des exécutions sommaires ; et un Etat qui se prétend démocratique ne peut combattre le terrorisme et la violence armée avec comme principaux instruments le kalachnikov, le chalumeau et la manipulation.

Cette vérité commence à se faire jour, de façon oblique, en Algérie même. En témoigne cet article du quotidien El Moudjahid (19 décembre), pour qui les responsables des massacres de ces dernières semaines sont les “ groupes mafieux ”, “ ces milieux d´activistes nourris au sein par les monopoles, le trabendisme et l´économie souterraine [qui] n´ont pas d´autres moyens de maintenir leurs privilèges, qu´en passant au terrorisme, à la violence et à la destruction (…). Les récents massacres de citoyens innocents à Médéa, à Khemis Miliana et à Ténès répondent à cette volonté de maintenir la pression sur le pays (…) ”.

Ces violences effroyables, hier comme aujourd´hui, n´ont fait l´objet d´aucune enquête impartiale, d´aucun procès équitable de leurs responsables, qu´ils soient islamistes ou militaires. C´est pourquoi nous demandons, avec beaucoup d´autres, des enquêtes indépendantes qui permettront de châtier tous les coupables. Et en particulier ceux qui ont organisé et perpétré la tuerie de Bentalha. Les faits précis rapportés par Nesroulah Yous attestent qu´elle a été préparée et encadrée par des éléments de l´armée. En invoquant des arguments de circonstance sans aucun rapport avec ces faits, M. Ghoualmi fournit, à son corps défendant, la preuve qu´il est incapable de les réfuter sérieusement. C´est une reconnaissance officielle, par l´Etat algérien, de la vérité de ce que Nesroulah Yous a avancé dans son livre.

François Gèze est directeur général des éditions La Découverte.
Salima Mellah, journaliste, collabore au site algeria-watch.org.

Le Monde daté du samedi 23 décembre 2000

 

retour 

algeria-watch en francais